Aumenta la tensión entre Rusia y Ucrania. Las relaciones entre estos países del este de Europa pasan por mal momento tras el último incidente entre barcos militares ocurridos el pasado fin de semana.
El domingo varios barcos ucranianos intentaron entrar al mar de Azov. Se trata de un golfo que solo tiene una pequeña franja de comunicación con el mar Negro (y de ahí con el resto del mundo) a través del estrecho de Kerch. Una de las orillas de ese estrecho es la península de Crimea, y la otra, territorio ruso, pero la costa norte del mar de Azov es ucraniana.
Rusia bloqueó el paso por el estrecho usando buques de guerra. Los rusos dicen que no les informaron de que los barcos pretendían pasar por allí y que "es una provocación". Desde Ucrania aseguran que es mentira, que sí que habían avisado, y que siguen las reglas internacionales de transporte marítimo.
De esta manera, varios puertos ucranianos han quedado bloqueados. Nunca se había vivido una situación parecida desde que Rusia y Ucrania se independizaron de la Unión Soviética en 1991.
El origen del conflicto se debe, precisamente, a la península de Crimea. Es territorio ucraniano pero la mayoría de la población es rusa. Por eso Rusia decidió enviar tropas para adueñarse de ella en 2014. Ahora los dos países dicen que es suya, pero es Rusia quien la controla. De hecho, Rusia construyó un puente entre las dos orillas del estrecho de Kerch para facilitar su dominio.

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