El hotel Conrad de la ciudad de Miami, en Florida (Estados Unidos), ha sido condenado a pagar veintiún millones de dólares a su antigua empleada Marie Jean Pierre. Marie Jean tiene sesenta años, es inmigrante de Haití y trabajó en ese hotel durante diez años.
El jurado decidió que el hotel es culpable de discriminación religiosa. Pierre pertenece a la iglesia de los Soldados de Cristo y los domingos es misionera de esta organización; su fe le impide trabajar ese día.
Durante nueve años la trabajadora, que ya había avisado de este detalle cuando la contrataron para limpiar platos en las cocinas, no tuvo ningún problema. Pero en octubre de 2015 el gerente decidió incluirla en el turno de los domingos. Durante algunos meses Marie Jean consiguió cambiarle el turno a los compañeros, pero en marzo de 2016 la despidieron por "mala conducta, negligencia y ausencias injustificadas".
Pierre denunció, diciendo que el hotel no respetaba la Ley de Derechos Civiles que prohíbe la discriminación por motivos religiosos. El tribunal ha decidido que el hotel pague los veintiún millones: treinta y seis mil dólares por el sueldo perdido desde su despido, medio millón por "dolor emocional" y el resto por "daños punitivos o ejemplares", es decir, castigo al hotel por actuar con mala conducta.
Sin embargo, las leyes estadounidenses impiden a alguien cobrar más de trescientos mil dólares por daños punitivos. No queda claro qué pasará con el dinero, porque además el hotel cree que la sentencia es injusta y va a apelar, es decir, pedir que otro tribunal revise el caso.

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